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La mirada del corresponsal mexicano

La cobertura de guerras en el mundo es una práctica regular en el periodismo moderno que inauguraron reporteros anglófonos en el siglo XIX en la invasión a México y en la Guerra de Crimea de 1864 a 1867. Para estadounidenses e ingleses -y más tarde para los franceses- los corresponsales de guerra se convirtieron en un perfil tradicional del periodismo y algo más: una práctica sistemática. En América Latina, este tipo de cobertura se remonta a episodios domésticos, como la batalla de Tomochic, en Chihuahua, en 1892; en Los Sertones, en Brasil, en 1896; e incluso antes, en la invasión de Brasil, Argentina y Uruguay a Paraguay, de 1865 a 1870, sin que este tipo de reporteros se haya convertido en figura permanente.

Uno de los más conocidos corresponsales de guerra en la historia fue un militante de izquierda llamado John Reed, que contó una parte de la Revolución por la que atravesó México de 1910 a 1917. Aquel conflicto intestino fue relatado también en los despachos de periodistas de diversos periódicos de Estados Unidos y Europa, pero uno de los conjuntos más acabados sobre el tema lo resguarda en sus archivos la agencia de noticias Associated Press, cuya fundación fue resultado de la experiencia adquirida por reporteros estadounidenses en México, de 1846 a 1848.

Los ojos del mundo han estado puestos sobre México en varias ocasiones. En contraste, pocas veces la prensa mexicana ha llevado su mirada al mundo y en particular a sus numerosas contiendas. El trabajo más consistente que se haya hecho al respecto es el de las guerras civiles centroamericanas de la década de 1980. Periódicos como Unomásuno y Excélsior se abocaron a dar seguimiento a esos acontecimientos con sus periodistas, tomando distancia de los reportes de medios extranjeros y adoptando una posición geopolítica propia.

​También las televisoras de la época, Televisa y la estatal Imevisión, así como la agencia mexicana de noticias Notimex, enviaron a reporteros y camarógrafos que reportaran desde una perspectiva mexicana los problemas sociales y políticos que desestabilizaban la vida cotidiana de países hermanos, a las puertas de México.

Entre los corresponsales que más tiempo pasó en América Central en ese periodo difícil fue Jesús Guevara Morín, un periodista de Notimex que residió en Nicaragua y Guatemala y recorrió con su libreta y sus inquietudes reporteriles los demás países de la región, El Salvador, Costa Rica, Panamá y Honduras, en años determinantes para su devenir histórico.

Como resultado de ello, Painani Ediciones presenta aquí un adelanto de la obra de Guevara, que ya está circulando entre los lectores y se encuentra disponible a la venta en este sitio web. Con el testimonio de este periodista mexicano en Centroamérica, Painani Ediciones comienza la publicación de su colección Mirada de Corresponsal. "¡Nos rodearon los tanques!" es solo un fragmento de las Crónicas de la Guerra en América Central. (GGEM)

Ilustración origial de Painani de una pluma

Ovejas negras

La noticia del asesinato de Venustiano Carranza, el Gran Jefe de la Revolución Mexicana, circuló en la prensa de la Ciudad de México unas 36 horas después de ocurrido en un pueblo llamado Tlaxcalantongo, el viernes 21 de mayo de 1920 a la 1:00 am. El eco de la información sobre el crimen se ahogó en una región montañosa conocida como la Huasteca. La primera versión circuló como un rumor en la zona hasta que a las 20:30 los militares leales al mandatario enviaron desde la cercana localidad de Huauchinango un mensaje al alto mando que confirmaba el magnicidio, último golpe de Estado perpetrado en la historia de México. Poco antes del cierre de la edición, el diario Excélsior fue notificado del hecho, presentándolo al día siguiente como su nota principal.

Aquella estremecedora noticia se transformó con el paso del tiempo en una fuente de inspiración literaria. No menos de media docena de ensayos y novelas han recogido el tema, entre ellos, dos periodistas. Uno fue Martín Luis Guzmán, articulista y corresponsal en Nueva York de diversos periódicos, fundador de la revista político literaria Tiempo y uno de los iniciadores de la novela de la Revolución Mexicana, quien publicó México-Tlaxcalantongo en 1958; el otro fue Fernando Benítez, joven reportero en El Nacional en la década de 1930 y el más notable periodista cultural de México en el siglo XX, que escribió El Rey viejo en 1959.

El periodismo, la literatura y la historia comparten las artes de un mismo espíritu, de una vocación narrativa que persigue objetivos distintos, pero inseparables. Y, sin embargo, en la República de las Letras el editor y el redactor de noticias aparecen sin el aire de distinción de los poetas o los escritores de novelas, sobreviviendo como el hermano malquerido, la oveja negra de la familia literaria. Pese a cargar ese fardo, infinidad de reporteros se han reconvertido a la literatura. Algunos de sus representantes más notables son el polaco Ryzard Kapuscinski, el angloamericano Truman Capote y el colombiano Gabriel García Márquez, además de los mexicanos ya mencionados. No menos distinguido en esta transición ha sido Joaquín Fernández de Lizardi, quien después de contribuir en la elaboración del Diario de México en 1805, uno de los primeros impresos cotidianos del mundo, escribió El periquillo sarniento, precursora de la novela latinoamericana, de sátira y crítica social, impresa en 1816.

García Márquez logró cierto reconocimiento como redactor en sus años de servicio en El Espectador de Bogotá, donde

publicó en 1955 un reportaje que brevemente se le conoce como Relato de un náufrago, pese a que ostenta un título más extenso que evoca el estilo de las gacetas del siglo XVII, que en aquellos tiempos experimentaban literaria y editorialmente con la atención del lector: Relato de un náufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre. Esta “relación” -como se decía en los tiempos del imperio español en América- permite entender o al menos lleva a suponer porqué después de publicado el reportaje, el periodista debió exiliarse en 1957 en Caracas, Venezuela, y en 1961 en Ciudad de México, donde residió hasta su muerte en 2014.

Aun con esos antecedentes de clara tendencia literaria, García Márquez sufrió para conseguir que le publicaran su gran novela Cien años de soledad. En una primera instancia fue rechazada por la prestigiosa Editorial Seix Barral de Barcelona. En un segundo intento, la enredada historia de la gente de Macondo fue aceptada en 1967 por la Editorial Sudamericana de Buenos Aires, pero demoraría tres lustros en obtener el reconocimiento mundial a su obra con el Premio Nobel de Literatura. En el interín, un grupo de intelectuales que en el 68 fundaron la editorial La Oveja Negra en Medellín, Colombia, pronto asimilaron que su compatriota tendría mucho más que aportar a las letras y se abocaron a publicar su obra, incluyendo una novela corta de clara impronta periodística como es Crónica de una muerte anunciada y un tomo de Crónicas y Reportajes, convirtiendo a Gabo en su autor principal.

Medio siglo después de aquel pronunciamiento incondicional a la pluma del reportero, Painani Ediciones recupera el concepto satírico de las Ovejas Negras para nombrar su proyecto de colección literaria, escrita por periodistas. Corresponde a Manuel Rivera Saldaña la presentación de su primera obra, Cuentos de mi noche, todos ellos derivados de su experiencia reporteril en Monterrey, Nuevo León, en la década de 1980. Rendimos así tributo a una empresa que creyó en la sensibilidad de un periodista y escritor, Gabriel García Márquez, que definió para siempre al periodismo, con todas sus letras: “El mejor oficio del mundo”. (GGEM)

En el siguiente enlace presentamos un adelanto del texto titulado "El crimen perfecto".

Ilustración origial de Painani de una pluma
​Jesús Guevara Morín, ex corresponsal mexicano en América Central, presentó en Guatemala sus Crónicas de la guerra

En el libro cuenta algunas de las anécdotas que vivió durante los siete años en los cuales fue corresponsal de la agencia de noticias Notimex en la zona, de 1984 a 1990. Su experiencia en el terreno es una de las más extensas de un mexicano en escenarios de conflicto.

Ilustración origial de Painani de una pluma
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